... ... El Citizen Almeida

viernes, 27 de enero de 2012

Hasta la próxima

-Andrés Almeida


Tal vez a estas alturas no importe tanto celebrar algunas palabras de despedida, pero para este editor resultan indispensables de sacar, de donde sea que provengan, pues urge explicar las razones de un final y reflexionar acerca de lo que por tanto tiempo hicimos.


Nos vamos de esta estratósfera que es internet con una sensación ambigua. 


Muy satisfechos por el trabajo que ofrecimos a partir de un ya lejano marzo de 2009, pues en el transcurso de los meses dimos con un sentido y claridad política y editorial que hoy florece por doquier, y que tiene que ver con el fin de la pasividad y la complacencia con la triste oferta política del país, instalada hace ya demasiados largos 21 años. Creemos y queremos creer que aportamos a ese sacudimiento. También en un momento durante el recién pasado 2011, nos vimos superados por esa ola. Todo lo entretenido y original, ya estaba en Twitter, y la credibilidad del Presidente ya estaba hecha bolsa. Seguir dándole en el suelo era incluso una actitud matonesca. Nos sentíamos, de algún modo, redundando.


Y nos vamos tristes también, porque pese a que en algún momento quisimos hacer de este un proyecto sustentable, nunca dimos con la fórmula para lograrlo, pese a intentarlo. No es algo fácil de aceptar, pero sí valiente. Cuando en el horizonte no vimos salida a la informalidad, las horas extras creando El Citizen comenzaron a pasar la cuenta. El cansancio más cierta sensación de frustración fueron haciendo mella, y pronto los entusiasmos se encauzaron en menos loables pero más lucrativas causas. No fuimos a golpear puertas, ni a pasar el sombrero, y creímos que mágicamente algo pasaría, alguien se acercaría, y entraría un turro de plata que permitiría hacer esto un negocio sustentable. No pasó y fue inocente esperar que pasara, pues de algún modo fuimos inconvenientes para cualquiera en condiciones de apostar por algo como esto. 


Nacimos con una impronta de trinchera, a propósito de una campaña electoral, aunque lo nuestro no fue precisamente proselitismo, en la que creemos haber aportado al debate político con acerados humor y franqueza y, pese a eso, también con cierto respeto.  


Iniciamos los fuegos criticando al candidato Piñera por su peregrina propuesta en Cultura de asignar fondos de acuerdo a encuestas. Se levantó la voz, y de algún modo obligamos al candidato a tomar en serio el tema. Al menos hoy, pese a los criticable que es hoy su propuesta en Cultura, no ha sido tan terrorífica en comparación a como se iba vislumbrando conforme sus declaraciones, las que incluían el financiamiento a los libros conforme si son "buenos" o no.


Luego, nos fuimos metiendo prácticamente en todos los debates de la campaña, y provocamos algunos otros, como cuando levantamos el tema de los profesores taxi de las universidades, en la prehistoria de éste levantamiento estudiantil. Durante ese año, los dardos fueron tanto contra la Concertación, previendo su profunda crisis moral y política, como contra la derecha, desnudando su archiprobada cultura antidemocrática, incluyendo con especial énfasis los flancos abiertos por los medios de comunicación instituidos, con lo que iniciamos así, junto con otros precursores, la andanada comunicacional que representan hoy las redes sociales que han logrado que, entre otras cosas, acabar con el monopolio de los sentidos del duopolio El Mercurio / Copesa, y con la lectura acrítica de la paupérrima TV local. En especial, recuerdo la crítica a TVN por el maltrato a Angie Alvarado, la hija de la ex prostituta Ana Alvarado, con la crónica ¿Quiénes son los hijos de puta?


En la recta final de la campaña, comprendimos que lo que 2009 nos enseñó fue que el valor de nuestra propuesta era decir la verdad con un punto de vista, y en un estilo tan coloquial y desenfadado, como sofisticado y hasta elegante. Así, fuimos lapidarios contra los cantos de sirena de varios políticos. El primero, MEO, de quien logramos un perfil personal demoledor para sus pretensiones y las ganas que tenía de no tener pasado alguno, o bien mándarselo a hacer como hacen los reyes con los bardos. Rudos también fuimos con la intocable Bachelet, de quien revelamos su peor secreto como reina de Chile: era infertil, o sea, incapaz de tener heredero. Frei, bueno, Frei fue todo el tiempo un chiste. Un logro dentro de todo, dado el carácter del personaje. 


Tras la victoria de Piñera, ya en 2010, y antes de que al presidente electo se le ocurriera la ocurrencia de un "gobierno de unidad nacional" en un país sin motivos para allanar diferencias, le declaramos la guerra al futuro mandatario. Las razones, pura intuición política, cuyos preceptos se fueron ratificando en la medida en que este gobierno avanza (si es que ese es un buen verbo para este transcurrir desposeído de proyecto).


Estuvimos en febrero de ese año atentos, a diferencia de muchos, y fuimos prácticamente los únicos en ristre para criticar un gabinete plagado de conflictos de intereses. Un acierto, pero menor si lo comparamos con la enorme labor de reflexión, pausa y temple que pusimos para entender el terrible terremoto que asoló el país. 


Luego de eso, estuvimos atentos a un Piñerato, así bautizamos esta era, que comenzaba a mostrar su inoperancia y maltalante. Podemos decir que nuestro instinto nos llevó a ser de los primeros que denunciamos el montaje por el Caso Bombas, y en poner en valor el conflicto mapuche. También durante ese año de 2010 comenzamos a mostrar signos de debilidad, lo que se manifestó en cierta anemia para recoger la trizadura producida entre la Iglesia católica y la sociedad chilena, la lectura más modesta de los acontecimientos en torno al rescate de los mineros, e incluso el affaire Bielsa-Piñera, que es la clave que da pie al derrumbe ya irremontable de la popularidad del presidente. 


La deuda más grande y sentida, sin duda fue el haber estado al margen de la revuelta estudiantil en el reciente 2011, lo que en lo personal veo como un reflejo de nuestra melíflua impronta como generación, en comparación a ésta actual, fuerte y vivaz. 


Sin embargo, lo que nos caracterizó fue durante todo este tiempo fue el entusiasmo, el diálogo y el trabajo colectivo, pese a que este blog lleva mi apellido (al fundarlo nunca creí que llegaría a donde llegó). Por eso debo destacar y agradecer el trabajo individual de tantos que pasaron por El Citizen. 


Maldonado con su inteligente, sensible, y a pesar de eso, lisérgico humor. Como olvidar su crónica El día del joven sin cuenta corriente, para mi gusto un claro ejemplo de cómo lograba precipitar del absurdo observaciones muy pertinentes y lúcidas. No todos lo entendieron, pero quienes sí, estoy seguro que gozaban cuando titulaba El Citizen.


Floro Ceballos, otro de los grandes, quien demostró un aguzado humor capaz de agitar audiencias. Tanto es así, que hasta tuvo su minuto de fama, cuando se convirtió en una Piñericosa, a propósito del rescate de los mineros. Notable fue su crítica Patricio Fernández y Rafael Gumucio por el inexplicable ninguneo de uno de los casos de abusos sexuales por parte de la Iglesia, en el artículo Síndrome Parroquia El Bosque alcalza The Clinic, la que valió un excelente diálogo en un artículo posterior con Gumucio, cuando se nos ocurrió contestar a las acusaciones de "resentidos", con el artículo "Resentido", la nueva forma de rotear.


Aceregé, casi la única chica del lote, quien se matriculó con la gran pregunta del Piñerato ¿Es tonto el Presidente? en tiempos en que aún el mandatario no hacía gala de su proverbial desatino.


Y así, con tantos otros, como Linsky, y su capacidad de recoger la vida cotidiana para hacer carne los grandes abusos, siendo hoy un reconocido twitteroGB, y su sinigual y ácida pluma, quien entre otras cosas prefiguró el debate sobre las nanas, incluida la película, Tromben y su cálida pluma que despluma las falacias económicas y los entretelones de los negocios, llegando incluso a fundar un popular y excelente blog, El Economista Marginal.


Y tantos otros, como el querido Demónimo 5, Cortisona, Bascopé, Agüero, Elena Nito, Arellano, Desponientés, Craddock, JCSCG, Ferreiro, Cortés, Nocolaievic, Porlaputa y Yomisma.


Mención aparte merece el gran doctor Hilgo Larton. Socio brillante e incansable, quien destacó por la lucidez crítica de su mirada (suya, por ejemplo, fue la idea de ponerse a pensar el terremoto, cuando todos llamaban a la emoción más pura), logrando incluso criticar ácidamente la Teletón sin ser lapidado, y destacó también por la genialidad y originalidad de su humor gráfico que bien resume lo que pasó durante todo este tiempo que hablo, y cuyo estilo ha sido imitado, mas nunca igualado.


Para despedirme, una muestra del talento de Hilgo y mis gracias hacia él:
















Suerte a todos y a ver qué nos depara el destino.
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